El mercado ofrece a los
particulares, alternativas para gestionar sus inversiones sin fijarse en el
corto plazo. Como indican algunos especialistas, plazos superiores a 10 o 15
años no son adecuados para un inversor particular pues hacen que te quedes a un
ciclo económico entero exponiéndote a los cambios de tipos de interés.
En ese lapso se debe apostar por
los bonos corporativos, muy atractivos tanto por el cupón, sino también por sus
precios. Las oportunidades en bolsa nos han demostrado que la renta variable
sube siempre en el largo plazo.
Invertir a más de 10, no sería muy lógico para un inversor
medio, pero además de la renta variable se tienen las plusvalías que –en un
momento de tipos estables y con tendencia a la baja- podrían aportar posiciones
en bonos corporativos. La emisión a 30 años está dirigida más al inversor
institucional, pues no es adecuado para el minorista.
Si se piensa en largo plazo, los instrumentos
de renta variable son más rentables con protección contra la inflación.
Pero recuerde que a la hora de invertir
en la BVL considere el tipo de inversión a realizar pues esta debe ser
ceñida al perfil de cada inversor.
